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Brasil cerró 2017 con una inflación de 2,9%, el menor índice en dos décadas

11 Enero 2018
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Contribuyó la caída de la demanda, que ahora se está recuperando. Por eso se espera que en 2018 llegue a 3,5%.

Nada podía venirle mejor al presidente Michel Temer que un índice de inflación bajo. Su deseo se cumplió cuando su ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, y el titular del Banco Central, Ilan Goldfajn, anunciaron que en 2017 la suba de los precios apenas llegó a 2,95%. Y el jefe de Estado, que venía de tropiezo en tropiezo por razones políticas y de salud, salió de inmediato con una ponderación ante ministros que luego trascendió a la prensa.

Dijo: “Esto es un hecho extraordinario que merece una conmemoración”. Y reafirmó luego en un video publicado por el Palacio del Planalto su “compromiso” con el crecimiento económico del país.

No extraña que el año pasado el índice inflacionario haya marcado su nivel más bajo desde 1998. Después de dos años de profunda recesión, motivada esencialmente por la crisis política, recién hacia fines de 2017 la actividad comenzó un proceso de recuperación. Coincidió, precisamente, con el último acto de los casos de corrupción que involucraron a Temer. Este vivió dos procesos en su contra, que fueron saldados con una absolución temporaria por la Cámara de Diputados. Sin embargo, para el jefe del Banco Central no es cierto que la inflación disminuyera por cuenta de la retracción. En su visión la explicación sería la contraria: “Fue la baja inflación lo que nos permitió salir de la recesión”.

Como sea, el escaso aumento de precios (de 2,95%) tiene una fundamentación: hubo menor demanda de alimentos que justificaron una pausa significativa en la readecuación de los valores en las estanterías de almacenes y supermercados. “Fue ese comportamiento que respondió por el bajo ritmo inflacionario” subrayó el presidente del BC. Henrique Meirelles, al frente del ministerio de Hacienda, creyó necesario hacer algunas precisiones: “Esto no significa que los precios estén cayendo, lo que sería un escenario de deflación. Lo que importa es que los precios están subiendo menos”.

Brasil cerró 2017 con una inflación de 2,9%, el menor índice en dos décadas

Admitió, también, que los brasileños tienen una mala percepción de la economía: “Hay mucha gente desempleada porque la economía no reacciona con un salto tan grande” confesó. Los números de la desocupación son gigantescos: el indicador supera 13 millones de personas. El ministro, que durante los 8 años de gobierno de Lula fue titular del Banco Central, consideró que el bienestar se notará en forma gradual. “Estábamos en una situación terrible, con una economía que no paraba de contraerse y, al mismo tiempo con un aumento del desempleo y una inflación elevada. Es algo que no sucede frecuentemente en el mundo”. En efecto, en 2016 los precios crecieron lo suficiente como para totalizar una suba de 6,29%.

Es curioso, pero en Brasil llaman la atención las reacciones de suspicacia entre los medios y los especialistas. Es que el Banco Central “no cumplió” con la meta inferior que había postulado en 2016. Estas fijaban un mínimo de 3% y fue de 2,95%. En el relato oficial, esto obligó a Goldfajn a enviar un informe a Meirelles para detallar por qué había sido inferior a lo planificado. En la conferencia de prensa que ofrecieron el miércoles, el día del anuncio, ambos tuvieron que “justificar el desliz”. Goldfajn tomó la delantera para advertirle a los periodistas que no debían preocuparse por los 5 centésimos de diferencia. Contento señaló: “La inflación ya está subiendo y esa trayectoria de alza debe persistir. De modo que el índice quedará este año en 4,2%” para felicidad de funcionarios y del gobierno, que así podrán ofrecer un valor preciso y contundente, y sobre todo dentro de las metas.

Como es obvio, así como la recesión en general provoca una caída abrupta de ciertos precios y tiende a reducir o incluso tornar negativo el indicador inflacionario, un aumento del consumo trae una readecuación de los valores hacia arriba. Hasta ahora, la estrategia de Temer para mantener con cierto grado de conformidad a las clases medias, fue liberar dinero para sectores de la población por diversos mecanismos. Eso produjo, al fin de cuentas, la reactivación.

Es más, el resultado obtenido los últimos meses del año pasado indujo al presidente a pedir a su ministro Meirelles que busque otras medidas adicionales destinadas a estimular la demanda. En esas circunstancias, como dijo Goldfajn, “es normal tener de vuelta el avance de los precios, porque llega con el crecimiento. El crecimiento está asociado a la vuelta de la inflación”, claro que dentro de la meta.

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